jueves, 8 de mayo de 2014

Anecdotario de un Caníbal


"Ella tuvo una cantidad de amantes que sinceramente me da pena escribir. Quiero pensar que seguía conmigo porque yo era el mejor de ellos, o sólo por que fue muy estúpida..."

Por: Ricardo Santos.

 A mi nadie me salvó ni me sacó de ninguna alcantarilla. El truco siempre ha sido rescatarse a uno mismo. No es que ella fuera el diablo, pero me hirvió en un caldero durante un largo tiempo, o por lo menos me pareció muy largo. Mea culpa.

Al principio yo fui quien se aprovechó de una extraña y nueva situación. En la que yo tenía la ventaja, edad, experiencia, podría decirse que tenía oportunidades para escoger. Pero la selección al final fue visceral, una ninfa que supo usar sus armas de manera admirable. Seguí un rastro que muchos hombres solemos confundir con amor, pobres de nuestros egos; no es mas que tristeza, mañas y jugarretas de adolescente. Y no me entiendas mal, eso no tiene nada de malo. Pobre diablo venerando el templo entre sus piernas. Arriesgándome a perder mi dignidad imaginaria y a mi mejor amigo en el proceso.
 

Una de sus frases favoritas cerca del final era "así me conociste, no sé por qué te extraña". 

Ella tuvo una cantidad de amantes que sinceramente me da pena escribir. Quiero pensar que seguía conmigo porque yo era el mejor de ellos, o sólo por que fue muy estúpida. Tampoco me clavaré en una cruz, me vengué en varias coacciones, o quería pensar que lo hacía.

(Por cierto, creo que este es un lugar seguro para confesarles que su mejor amiga fue el plato que se sirvió frío, casi congelado)



Jugamos unos juegos tan estúpidos continuamente, engañándonos a nosotros mismos, consiguiendo nada, tal vez sólo las rodillas amoratadas y un hueco en el estómago cargado de regaños maternales y prejuicios en contra del instinto.



Tuvimos noches épicas, destructivas, caníbales. Eramos un desastre natural. Una causa perdida también. Nos rascábamos una herida que ni siquiera nos habíamos provocado nosotros mismos. La cubrimos con ropa ajustada cuando nos conocimos. Pero ropa era lo que menos usábamos en nuestra casa, nuestro nido de cuervos. ¿Los cuervos hacen nidos?
El día que la confronté ella llegó ebria y preparada, después de los reclamos no sé por qué fuí yo el que le pidió continuar, sellamos el pacto como siempre, con saliva y mordidas. Esa noche rompí la cortina de nuestro cuarto y creo que el vecino por fin le dibujó un rostro al ruido que no lo dejaba descansar.
Parece que te describo una mala película Española, tal vez eso era. Ella incluso era muy buena fingiendo acentos. Pero te cuento todo esto para que entiendas que no estas solo, que yo también soy un baboso. Un héroe de película romántica con el que te puedes identificar porque también soy un villano y más de alguna vez también un personaje secundario.


No tengas miedo a la desgracia, será tu mejor maestra, el aperitivo que te volverá sumamente interesante para esa futura conquista que en este momento pensarías inalcanzable. Pero el futuro es un lugar maravilloso. Sucio, difícil y maravilloso.

Tal vez si vuelves por otro café la próxima semana te cuente un poco más de diosas, brujas y bailarinas quinceañeras que me hacen persignarme al recordar tan siquiera sus uñas. Y tal vez una receta fabulosa para marinar carne. 




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