martes, 10 de agosto de 2010

SANTIAGO DE COMPOSTELA

Recuerdo cuando estaba preparando las maletas para emprender uno de los viajes más importantes y más divertidos de mi vida, la aventura comenzó desde la llegada al aeropuerto, sólo a mi me podía pasar algo semejante, mi maleta se salió de la camioneta en el trayecto de mi casa al aeropuerto ¿dónde?
Eso sí quien sabe, el asunto es que no tenía ni pijama para dormir al día siguiente, no sabía si preocuparme o sentarme a llorar, ninguna opción me regresaba mis maletas, pero había que sacar el sentimiento de alguna forma así que me decidí por la opción dos, sentarme a llorar, algunos dirán que pobre de mí, eso depende sí eres de los que ves el vaso medio lleno o medio vacío, yo había perdido mi ropa, zapatos, accesorios, en fin, ¡todo!, pero alguien tenía que pagar por eso, y ésa persona, claramente no era yo ¡pobre de mi papá! Yo sólo tenía que sacrificarme y comprar ropa nueva para los próximos 6 meses, no tenía más que lo que llevaba puesto y una maleta llena de comida mexicana para mis amigas que ya estaban en Santiago, ¿Qué les llevaba? Tortillas, guacamole, tequila, dulces, trompetas y el más grande de los encargos ¡¡¡chiles!!!! De todas las especies que encontré enlatados y algunos más deshidratados para improvisar alguna salsa.

En fin, llegué a mi lugar de destino cargada de comida y de ilusiones, lo demás eran sorpresas, Santiago es precioso de día y de noche, es como un pueblo viejo, todo de cantera, llueve mucho en invierno y hace muchísimo aire, tanto que cuando íbamos caminando por la calle nos volteaba los paraguas, algunas veces volvían a funcionar con un pequeño ajuste, pero otras quedaban inservibles, aplicaba perfecto el dicho “el que compra barato…” Aunque en nuestro caso, era como si lloviera, por dentro y por fuera de la casa, era tanta la humedad que necesitábamos un deshumificador, que por supuesto no servía de mucho en mi cuarto, porque por alguna extraña razón siempre estaba inundado, mis zapatos llenos de moho y yo eternamente enferma. Pero no importaba, algo bueno tenía la lluvia, era el pretexto perfecto para eliminar peinados, maquillaje y zapatos altos, contando las salidas a los bares, porque eso de usar tacones en Santiago, al menos para mis amigas y para mí estaba totalmente descartado, todo el tiempo era caminar y caminar, las calles son un constante subir y bajar, y para llegar a nuestra casa en la Rúa Teo había una cuesta impresionante que bautizamos como “La Mortal”, que de verdad es lo único que no extraño de ese viaje, era imposible subir con las bolsas del súper, eso que el maravilloso “Día” nos quedaba a dos cuadras, pero encontramos la manera perfecta de evitarnos el agotamiento de la carga y llevábamos literalmente una maleta de llantitas a la tienda, así nos ahorrábamos desgaste físico y las bolsas, ya que tenían cargo extra, por eso de la cultura ecológica. Así es, una maleta cargada, en la que sobresalían una dotación de patatas naturales y congeladas, sí, patatas, porque si decíamos papas a la gente le causaba gracia o no nos entendían, así que tuvimos que adoptar el término. Continuando con la lista: pasta, pan, galletas, chocolates como para morir de sobredosis, Doritos, Ruffles, atún, huevo y café, sí, esos eran los alimentos básicos. De la hora de la comida mejor ni hablamos, porque si a una le daba hambre, llamaba a las otras a comer, fueran las 5 de la tarde o las 4 de la mañana, sin más ni menos, a esas horas de la mañana y tomando café preparado en un sartén, ya saben, la falta de instrumentos de cocina. No podían faltar las patatas con cátsup y valentina, eso sí a una personita no se le ocurría agregarles Salsa Maggi, ¿A qué sabía eso? ¡A gloria!

Ahí te das cuenta que no importa la comida cuando es buena la compañía, como extraño esas pláticas en la cocina, con informes detallados de lo que nos sucedía en el día, las aventuras en la universidad y el enamoramiento comunitario del compañero de la clase de Comercio Internacional, nunca supimos su nombre, pero era conocido como “El Ken”, era tan guapo, lo recuerdo perfectamente arregladito, llevaba un paraguas negro de gancho de madera colgado en el brazo, siempre bien acompañado de sus amigos, aunque no tan guapos como él, muy participativo en clase con su increíble acento español, lo más triste es que nunca se daba cuenta que suspirábamos por él, la única vez que estuvimos a punto de conocerlo, se nos acerco otro compañero y El Ken hizo retirada en el momento, desde entonces odiamos al compañero que amablemente nos invitó de marcha ese día.

Salir de marcha entre semana es lo más común que hay en la ciudad, lo usual aparte del botellón en la Plaza Roja, es de ir de bar en bar, están bien intercomunicados, van cerrando de uno por uno, inicias en el Meia como a las 11:00 pm, sigues al Retablo y al final ya muy de madrugada por no decir que ya casi para salir el sol está el Liberty, saliendo de ahí te das cuenta que hay un mundo afuera perfectamente listo para ir a trabajar y niños con su uniforme para ir al colegio, entonces empieza a pegar la desvelada, aún así había que irse prácticamente en vivo a la universidad, los ojos se iban haciendo cada vez mas pequeñitos y las ojeras no se tapaban ni con el mejor de los correctores, pero es algo que tienes que vivir, es la última oportunidad de portarte mal, por así decirlo, después uno empieza a trabajar y la historia va cambiando.

Los jueves jugábamos cartas, Michoacán, Jalisco, Guanajuato y de vez en cuando algunos amigos de Galicia reunidos puntualmente para el continental, con un buen o a veces, no tan buen vino tinto, Crema de Orujo o una Estrella de Galicia, los Doritos, los Ruffles y la Coca Cola también estaban invitados.

Los fines de semana que no íbamos de viaje, teníamos dos lugares favoritos para comer, El Galeón y El Kebab, los dos son deliciosos y nos atendían de maravilla, en el segundo nos hicimos amigas de los dueños y nunca nos cobraron los “cafés con leite” que tomábamos después de la comida. De hecho elegimos ése restaurant para nuestra cena de despedida, en esta ocasión todas las bebidas fueron cortesía de la casa.

Hace ya casi tres años de esa cena y parece como si fuera ayer, extraño muchísimo a mis amigas, más que eso, mi familia, en donde muchas veces no todo era color de rosa, como en todas las familias, Erika y su ego que no dejaban dormir con su música noventera a todo lo que daba en la madrugada; Lesly con sus arranques para el desestrés saliéndose a caminar sola sin importar la hora, eso no es de una persona normal estarán de acuerdo; Giovis que no quería salir de la casa por estar pegada a la computadora, digo, recorrer tantos kilómetros para saber que lo único que quieres es regresar ¡No tiene precio!, Andy, su estancia fue corta, pero todas la adoptamos como hermanita, como siempre, las chiquitas son las consentidas y no hay queja alguna, yo, por supuesto, quejándome de todas y desmayándome por la baja de azúcar toda la vida, pero bueno, ahí estaba Aída para encomendarnos a todos los santos y darnos su bendición. ¡Bendita seas coma!

Ahora que nos reencontramos nos dimos cuenta que no hemos cambiado mucho, seguimos teniendo la misma esencia, todas somos profesionistas, tenemos nuevos proyectos, nuevos amigos, nuevos retos, no perdemos las ganas de salir adelante, evitamos a toda costa perdernos en el camino. Santiago de Compostela será siempre como una segunda casa y aunque ya casi no nos vemos, sabemos que ahí estamos, después de todo, las comas no se abandonan.

5 comentarios:

  1. Como siempre Soy la PrimERa en escribir,, jaja y se habrán dado cuenta que soy YO Erika,, jajaja, ComAdre, no sabes el camino mental que me has hecho recorrer, los sentimientos que has hecho que salgan a la luz, c0n decir que casi me haces llorar, casi, jajaja..!!! podria aumentar tu comunicado, pero no, hoy lo he leido y he dicho que BUENA eres para escribir, te mereces todos los honores, una vez mas te digo que te Admiro y que SOY tu FANSSSS (jajaja a kien te recuerda, jajajA), y amis amigas las santiaguitas, que siempre estan en mi corazón y que ahora son parte de mi historia...!! las kiEroo

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  2. Comaaa es simplemente hermoso, en hora buena.
    Por cierto, Santiago de Compostela, era un buen desestres, de noche con las calles mojadas, brillantes, su arquitectura impecable, era simplemente magico, la verdad me servia jejejeje.
    Dios, es bello ver todo lo que hemos vivido juntas, y saber que esa magia nos pertenece solo a nosotras.
    LAS QUIERO MUCHO CHICAS.
    Gracias coma, me hiciste el FLASHBACK del año jajajaja

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  3. Maravilloso, anhelador.. En espera del siguiente.. yo también me declaro tu fan! Congrats!

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  4. Oh sí, cuando tienes un Día, para que necesitas un supermercado? Lo genial de la marcha es que a las 6 de la mañana veías a tanta gente salir del bar que no sentías que era tarde. Hasta que alguien te pegaba un codazo en la clase para despertarte. Ha ha ha!

    Me encantó este post. Igual que palos, en espera del siguiente.

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  5. A mi me encanta que les encante! Muchas gracias por sus comentarios. Adoro a mis fans!

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